Tu primer auto robado nunca se olvida.

 
AUTO LADRÓN

Siempre me consideré un hombre afortunado. Nací allá por el año 1975, en el corazón de una familia con posibilidades económicas que me permitieron asistir a uno de los mejores colegios de Argentina. Recuerdo mi infancia como “aquellos años felices”, con maestros que seguían un modelo de educación copiado de escuelas de Estados Unidos y que se esforzaban por hacernos sentir especiales y descubrir nuestros intereses y talentos a temprana edad.

Mi maestra jardinera de sala de 5, Analía Sacanto, fue una de las personas que mayor impacto tuvo en mi vida. Si bien confieso que le tenía bastante miedo, gracias a ella aprendí, a temprana edad, una lección muy importante que me serviría en mis años por venir. La historia comienza así:

Una mañana de primavera, en Septiembre de 1980, mi mamá me preparó como cada día para ir al jardín. Les dejo una imagen para que conozcan a “mini mí” en sala de 5 (tercera fila con cara de “yo no fuí”).

FOTO DEL JARDÍN

Ese día no era un día cualquiera, era la mañana donde cada uno de nosotros iba a tener un momento de fama frente al resto de la clase.

La señorita Analía nos había propuesto llevar nuestro juguete preferido para mostrarlo a todos los compañeros y contarles por qué era tan especial.

Mi juguete preferido era un auto Corvette Stingray que mi papá me había comprado en uno de sus viajes de trabajo. Si bien no tengo la foto del auto original, era parecido a este:

Imagen compartida desde Pinterest.com

Imagen compartida desde Pinterest.com

No solo era uno de mis preferidos por su estética; tenía carácter de "especial" porque mi papá era fanático de los autos Corvette y tener ese juguete me acercaba a él cada vez que se iba en uno de sus largos viajes.

Esa mañana, llegué temprano al jardín con mi Corvette y mucha ansiedad por compartir mi preciado bien frente a toda la clase. Lo dejé en el escritorio de la maestra y me senté en mi sillita de siempre.

Mis compañeros comenzaron a llegar y, extrañamente, todos se dirigían a sus sillas sin dejar sus juguetes en el escritorio.

Minutos más tarde, la señorita Analía entró a la clase y se dirigió a su escritorio como cada mañana. Dejó su gran cartera en la silla y agarró mi Corvette con expresión de sorpresa y desilusión. Giró para dirigirse a todos nosotros y comenzó diciendo algo como: “hoy no es el día de Mi Juguete Preferido, es dentro de una semana”. Si bien no puedo recordar con exactitud el sermón que nos dió sobre responsabilidad y la importancia de prestar atención en clase, me quedó grabada como si fuera hoy, la sensación de vergüenza que sentí por equivocarme y el miedo que tuve a experimentar las burlas de los presentes (se ve que a los 5 años ya era muy autoexigente).

Una vez terminado el discurso aleccionador (demasiadas palabras para infantes de jardín), llegó la pregunta que yo más temía: “¿a quién pertenece este juguete?”. En ese momento, descubrí emociones que no sabía que podían vivenciarse a la misma vez: miedo, vergüenza, ansiedad y autoflagelo. Todo ese combo explosivo, que se manifestó en menos de un segundo, provocó mi mejor respuesta de supervivencia: bajar la cabeza y decir nada. La señorita Analía preguntó una vez más: ¿quién trajo este juguete a clase? y fue entonces cuando Javier “futuro delincuente” Carrera levantó su manito y dijo: “¡Yo Seño!”.

Así fue como, por primera vez, me robaron un auto.

Quizás te preguntes: ¿y no dijiste nada?, ¿tu mamá no se dió cuenta?. La respuesta es no. Callé por vergüenza, mentí a mi madre por miedo y lloré a escondidas (no me juzgues, tenía 5 años).

A pesar de haber sido muy chico, recuerdo ese día como si fuera hoy y siempre va a quedar, en mi historia, como el día que aprendí una de las lecciones más importantes de mi vida: “Hacete cargo”.

Te dejo una imagen para que veas cómo tenés que proceder si te roban tu auto.

Lucas, 42 años, Gran Buenos Aires.

QUÉ HACER SI TE ROBAN EL AUTO